Educamos con fe y en la fe

llamaSi usted se fija en los logos, el de la “llama” y el del “corazón” se parecen.

Y es que en la vida van unidos simbólicamente. Educar con corazón ardiente, apasionado, creyente y creíble.

Eso hace de nuestros centros cristianos pequeñas hogueras de fe y entusiasmo repartidas por toda nuestra geografía.

Educamos desde la convicción de que la oferta cristiana proporciona un plus de humanidad, solidaridad y perfeccionamiento de aquellos que se nos han encomendado.

Y lo hacemos con libertad de opción y de creencias. Lo hacemos fundamentados en el Evangelio de Jesús, quien dijo “La verdad os hará libres”. Verdad y fe van entrelazadas. No caben las componendas ni los juegos sucios entre ambas. Ese es nuestro compromiso… aunque a veces cometamos algún que otro error. Para eso existe la palabra perdón.

Ponemos fe en lo que hacemos. Ponemos fe en los alumnos como imagen que son de Dios. Ponemos fe en los padres que nos los confían. Ponemos fe en nosotros como parte de unos equipos educativos que quieren lo mejor para los más inmaduros. Y todo ello unificado, da como símbolo esta llama, porque no se trata de arder de amor sino de propagar el incendio. Un incendio que no arrasa sino que purifica, alienta, da calor. Así es la fe de los educadores, máxime cuando son creyentes en Cristo Jesús.

Son muchos los estilos educativos que conjugamos, porque son muchas las necesidades históricas a las que se han ido respondiendo en las distintas familias religiosas, con carismas y visiones diversos pero nunca contrapuestos, porque el denominador es común: el Evangelio, el querer ser portadores de buenas noticias y ser transformadores a pequeña escala, uniéndonos a otros muchos para que el amor de Dios ni se acabe ni se apague.

El Congreso de EC es un volver a juntar nuestras llamas, nuestras pequeñas hogueras educativas, para avivarlas, para que podamos seguir dando calor en los inviernos de la vida de tantos necesitados -alumnos/as, familias- de reconocimiento, estima y valoración humana y cristiana.

No ir a tomar más fuego y más calor al Congreso sería un fallo imperdonable. Que ningún interés oportunista o doctrina momentánea sople sobre tu llama. Toma el fuego de quien es el fuego que no se apaga: Jesús mismo.

José Antonio Solórzano

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