Palabras de Juan Carlos Pérez Godoy, presidente de Escuelas Católicas en la clausura del XIII Congreso Sabemos Educar. Libertad y compromiso.

Clausura del XIII Congreso de ECQueridas amigas, queridos amigos:

Cuando era un joven salesiano y participaba con los chicos en los campamentos de verano, había una expresión que solía decir siempre en las primeras buenas noches al inicio del campamento. Muchos, sin yo esperarlo y casi no recordarlo, la han traído a mi memoria, años después, en encuentros posteriores con ellos: “Hagamos de este campamento un experiencia inolvidable”.

Por qué os cuento esto. Porque quiero deciros que para mí, este congreso, y creo que para una inmensa mayoría de vosotros –lo veo en vuestros ojos, en vuestras miradas, en vuestros rostros, en vuestras sonrisas de satisfacción-, HA SIDO UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE.

Comenzamos, superando el vértigo, subiendo a la cima. Metas altas. No indiferentes del proceso. En la cima contemplamos, al amanecer, cómo brilla el sol. Para brillar. Brille así vuestra luz ante los hombres del mundo… no se puede ocultar una ciudad encendida en el monte. Y se nos pidió hacer de la escuela una ciudad que no se acaba, un lugar de Experiencias memorables, una escuela nueva y contagiante, “viral”…

Y recorrimos, entre sueños, danzas y colores, el camino de nuestra identidad….. En ella está la calidad…. transparencia, camino sagrado de colores, experiencia Divina….. y CLARA, camino sagrado: cada día deberíamos descalzarnos para entrar en el aula porque pisamos lugar sagrado. Un lugar para crecer en libertad y dignidad: ser persona, ser hijos de Dios. En esta experiencia muchos religiosos y muchas religiosas han entregado y gastado su vida. Los tiempos han cambiado y en la escuela es donde los religiosos más hemos vivido un verdadero éxodo para resituarnos, en comunión de espíritu y acción con los laicos de la Comunidad educativo-pastoral, en la misión compartida: SER PARTE y TOMAR PARTE.

Esta experiencia es un derecho no una oferta más barata. Y ya está bien de tomar a los inmigrantes como producto que se exhibe como si de un escaparate se tratara. Pero los datos hablan, los datos cantan…. y ponen de manifiesto nuestro compromiso con los más desfavorecidos y en riesgo de exclusión. La Escuela Católica es una de las instituciones que forman líderes y educan contra la exclusión social y a favor de la integración y la diversidad. Uno de los retos importantes es la renovación espiritual y cultural por la justicia…, trabajando en el fondo del corazón de cada persona, en congruencia con nuestros valores evangélicos que configuran nuestra identidad. No podemos rendirnos, porque ellos, nuestras alumnas y nuestros alumnos, nunca se rinden, -Malala es un ejemplo-. Es preciso escucharlos, permitir que sean protagonistas de su propio crecimiento.

A la espera activa de un Pacto educativo, aquí estamos para hacer maravillas, milagros, vivir experiencias memorables, en medio de estas leyes educativas; para crear espacios de reconciliación y cocreacion, escuelas abiertas al entorno, a la zona, al territorio, al continente digital, para colaborar en la trasformación evangélica de la realidad. Colaboramos con todos los que desde diferentes posiciones ideológicas y religiosas trabajan por el bien de la sociedad, por construir un mundo más justo, más humano. Y lo hacemos desde el evangelio, que no se impone, se propone. No nos lamentamos de nuestro tiempo, lo asumimos con confianza y esperanza.

Y cuando hablamos de esto hasta nos emocionamos… y también cantamos y danzamos, y hacemos fiesta, porque una educación sin música y sin fiesta es como un cuerpo sin alma. Y hay mucha alma en la Escuela Católica; hay mucho conocimiento que hemos de compartir. Su gran riqueza: las personas. Muchísimos profesores y profesoras, maestros y maestras entregados por vocación a esta misión edcuativo-pastoral.

Amigos y amigas, el derecho a la educación no puede seguir sirviendo de coartada para pretensiones monopolizadoras. No basta que haya pluralidad dentro de una escuela única, se necesita pluralidad de escuelas. Por eso defendemos y luchamos por una Libertad de enseñanza. El ideario es lo que justifica la existencia de nuestros centros y su concierto. Por ello no hemos de olvidar que existimos para evangelizar. “Las Escuelas católicas, que intentan siempre conjugar la tarea educativa con el anuncio explícito del Evangelio, constituyen un aporte valioso a la evangelización de la cultura, aun en los países y ciudades donde la situación adversa nos estimule a usar nuestra creatividad para encontrar los caminos adecuados”, nos dice el Papa Francisco en la Evangelii Gudium.

Os animo a reafirmar nuestro firme compromiso por una Escuela Católica fiel a su identidad; fiel a sus destinatarios preferenciales, los más necesitados; fiel al espíritu de nuestros fundadores y fundadoras y a la sabiduría que los guió; fiel al espíritu de Dios para discernir qué y cómo debemos hacer en este desafiante y al mismo tiempo apasionante momento de nuestra historia para el mundo de la educación, convencidos de que la Escuela Católica no es una amenaza, sino una riqueza para nuestra sociedad democrática y plural.

Gracias a quienes habéis hecho posible este Congreso. Gracias por vuestra participación. Ánimo y adelante, siempre adelante, con la mirada puesta en el Señor.

Muchas gracias.

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