Visionarios

ojoAlguna vez he querido utilizar la palabra visionario en algún acontecimiento de Escuelas Católicas pero siempre he encontrado quien me frene, incluida yo misma. Ojo, no vaya a ser que se interprete que nos atribuimos poderes adivinatorios, que piensen que vamos a hablar del tarot o que vamos de profetas… lo cual no estaría tan mal, ahora que lo pienso. Pero no, me decía a mi misma y a los demás… visionario es también por ejemplo, el artista que se convierte en precursor de un estilo, de un género musical. Así son las cosas con la palabra visionario. Es visionario un japonés que aseguraba que el fin del mundo tendrá lugar en 2065 y es visionario Miles Davis que supo revolucionar el jazz.

Busco en la web más ejemplos de visionarios a ver si me termino de decantar por uno de los dos extremos y en “Definición de” encuentro algunos fascinantes: Julio Verne “era un visionario, en sus novelas anticipó la creación del submarino y de las naves espaciales”; y Steve Jobs “era un visionario que supo enfocar su negocio al nuevo mercado tecnológico”.

“No soy un visionario, simplemente analizo la situación actual y saco conclusiones de cara al futuro”, dicen que dijo en cierta ocasión Steve Jobs. Pero si tenemos en cuenta que visionario es un adjetivo que suele emplearse para calificar a la persona que gracias a su creatividad, su imaginación, sus conocimientos… logra prever qué ocurrirá en el futuro, vemos que lo que dice Jobs es justo es lo que le identifica con un visionario. Y así es como el concepto de visionario asociado a una cierta visión de los acontecimientos que están por venir, acerca las dos acepciones y las conduce a un punto común.

Con ese punto en común me quedo para definir la actitud de los centros católicos a lo largo de la historia. Visionarios sus fundadores, que partieron de una realidad y transformaron la escuela y la educación. Visionarios los que siguieron a esos fundadores y lograron no sólo que las obras iniciales pervivieran durante siglos, ya quisieran las más grandes empresas de ese siglo, sino que también las han ido renovando, reimpulsando, reinventando… Tener visión, lejos de hacerte un soñador utópico, idealista, o iluso quijote, te ayuda a vivir el presenten con sentido, te focaliza en tus grandes objetivos y te permite alcanzar tus metas.

Así es como los centros educativos católicos, con sus proyectos educativos enmarcados en su carácter propio y en su sentido evangélico, son centros visionarios en el mejor sentido de la palabra. Así es como su visión de la vida y de los acontecimientos les permite vivir el presente con sentido y adelantar y hacer realidad un futuro en el que las palabras sentido, evangelio y felicidad tengan un hueco en la vida de sus alumnos y un reflejo en nuestra sociedad.

Cansada de visiones catastróficas de la escuela que mata la creatividad y que dibuja de gris a los niños como si fueran personajes de Momo, me quedo con la visión de una escuela que con sus luces y sus sombras tiene un sueño, tiene una visión, y lucha cada día por trasladarla a sus niños, a sus adolescentes y a sus jóvenes. Porque no es lo mismo tener una visión que tener visión. ¿O sí?

@victoriamsegura

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