Evangelizar educando

Xiskya_ISomos algo más de siete mil millones de habitantes en la Tierra. De ellos, tres mil millones en Internet y dos mil millones en las redes sociales. Estas cifras nos muestran un proceso de digitalización imparable, pero sobre todo, nos hablan de una necesidad comunicativa enorme en el ser humano. Necesidad que muchos mercados, desde hace tiempo, vienen utilizando para vender sus productos y muchos movimientos sociales ateos manipulan para contagiar sus ideologías. ¿Tiene la escuela católica un sitio importante en este vastísimo continente digital?

Estaremos de acuerdo en que vivimos en una sociedad tecnológica e hiper informada, pero también profundamente herida y necesitada de sentido. Lo vemos cada día en la prensa, pero también en nuestras aulas. Vivimos en la era digital pero también en la era comunicacional, un panorama espectacular donde se multiplican las posibilidades comunicativas, pero en el que a la vez hay tanta soledad y pobreza existencial. Es el tiempo de las relaciones sociales, de los vínculos afectivos, del sentido de grupo, de la comunicación ininterrumpida y de un hecho histórico tremendo: el tiempo en que cualquier persona anónima puede alzar su voz y ser escuchada por las masas. Y es en este contexto donde la escuela católica tiene una responsabilidad fundamental e insustituible: la de educar esa necesidad de comunicación humana y la de aprovechar esos medios digitales actuales para educar también a las masas.

Sin embargo, somos conscientes de que hoy muchos piensan que esto no distingue en nada a nuestros centros de cualquier otro modelo de escuela. La clave está en su gen propio de catolicidad, en su modo concreto de educar. Es decir, no es lo mismo leer la actualidad que llenarla de sentido, ni es lo mismo atender las necesidades humanas que transformarlas en deseos constructivos. No es lo mismo acoger en nuestras aulas la pluralidad social, que ofrecerles identidad a todos los que se sienten marginados o diferentes. En definitiva, no es lo mismo educar que evangelizar. Educar lo hace más o menos cualquiera, evangelizar educando solo lo hace el centro que en su ideario prevalecen los valores del Evangelio. He ahí ese gen de catolicidad propio de la escuela católica que ya no se conforma con los límites físicos, cuando tiene la oportunidad de traspasar las fronteras “hasta los confines de la tierra”.

Y es aquí donde entran en juego las redes sociales; ellas son esos canales de comunicación que hoy nos ofrecen la oportunidad de influir no solo dentro de nuestras aulas, sino también fuera de ellas; y que nos permiten crear comunidad con sentido de pertenencia e identidad propia más allá de los límites físicos de nuestros centros. Sin embargo, muchas veces nos falta atinar en el cómo. Tenemos los medios, incluso muchos recursos, pero la novedad y la velocidad con que se desarrollan, nos impiden conseguir nuestros objetivos con la eficacia con que desearíamos.

La elección de los equipos responsables de la comunicación del centro es una de las claves fundamentales para acertar en las estrategias y canales empleados. Se puede hacer mucho, pero todos tenemos que tener claro qué queremos conseguir. Se puede disponer de muchos recursos, pero no se trata solo de técnica, ni tampoco solo de buena voluntad, ni siquiera solo de compromiso con el ideario. La mayor dificultad de las instituciones está en encontrar las personas que compaginan muy bien su formación técnica en redes sociales y su identidad con los valores de la institución. Dejar la tarea del community manager al profesor que tiene menos horas o al que sabe informática o al que creemos más identificado con el ideario, no puede ser el criterio para seleccionar a los responsables de conseguir con eficacia nuestros objetivos en el continente digital.

Sin embargo, la escuela católica tiene una larga experiencia de trabajo colaborativo y en red. No es en la era digital donde ha comenzado a “conectarse”. Porque antes de que llegaran las redes sociales digitales, ya existían las redes sociales presenciales. Esta preocupación por ser agentes de cambio social no se estrena ahora. La escuela católica tiene algo que compartir con el mundo, tiene mucho que aportar a los cambios sociales y ha demostrado que sabe hacerlo. Algo tan propio como evangelizar educando. Se trata de una experiencia que proporciona una calidad de largo alcance y que ahora toca aprovechar en esta era digital.

Hay algo que es esencial y no cambiará nunca con el tiempo: la calidad humana y profesional de los educadores, que son los que hacen la diferencia en los resultados educativos locales y globales. Una verdad enorme que formula Set Ghodin en su blog puede hacernos pensar en la oportunidad que hoy tenemos: ¿Cómo puedes desperdiciar un solo día más sin tomar ventaja de los cambios más grandes de nuestra generación? ¿Cómo te atreves a conformarte con menos cuando el mundo ha hecho que sea tan fácil destacar? En comunicar los milagros de la educación, en compartir las reflexiones más profundas sobre la actualidad, en ser agentes de cambios sociales más allá de nuestros límites físicos, y en crear una cultura de encuentro con sentido y sabor a Vida, a veces, solo a veces, otros nos llevan la delantera. Quizá sea la hora de lanzar por tierra nuestros complejos y arriesgar. Es el mismo papa Francisco quien dice que prefiere una Iglesia que arriesga, que una Iglesia que por miedo se estanca. ¿Podríamos aplicar esta reflexión a la escuela católica en esta era digital?

Xiskya Valladares rp.

@xiskya

 

 

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