“Sí, quiero”

si quiero“La esperanza tiene dos preciosos hijos: sus nombres son enfado y valor; enfado al ver cómo son las cosas y valor para no permitir que continúen así” (San Agustín)

La guerra o el sufrimiento humano, el hambre o la injusticia pintan un lienzo de óleos oscuros que la educación quiere desdibujar y que con un grito de esperanza y de duro trabajo aspira a transformar.

Son esas situaciones extremas, de crisis humana y espiritual, donde la mayoría de nuestros fundadores cargados de longanimidad, contra todo pronóstico y estadística “fiable”, decidieron actuar y dibujar una realidad más amable para los más desfavorecidos, fueran mujeres, niños u hombres.

Su fiel compromiso con la vida y con Dios los consolidó de visión, fuerza y resiliencia, los dotó del estímulo por el cambio y la lucha, para que con la educación como bandera pudieran liderar una sociedad más justa.

Esa misma bandera ondea en el corazón de nuestras instituciones con el viento en la mirada de nuestros niños. Ondea con el ímpetu del que sabe que sigue habiendo barrigas vacías, clamores de justicia y una necesidad de amor y respeto profunda. Nuestros fundadores vibraron con la r-evolución, con esfuerzo y valentía, con la misma con la que han de aspirar nuestras instituciones; con la belleza del compromiso por la transformación de aquellas realidades que son inaceptables. La educación es nuestra mejor arma por un mundo más justo, ejemplo vivo, diario de fe.

Hoy en día los líderes de nuestras instituciones han de pensar, analizar y hacer por abrir las puertas de los centros y borrar la delgada línea que existe entre “dentro y fuera”, para que la escuela sea vida que impulsa y emprende proyectos curriculares que impactan en la mejora de la comunidad o de la sociedad. Igual que en su día hicieron nuestros fundadores, igual que en su día hizo Él.

Liderar procesos y proyectos, diseñar y materializar estructuras pedagógicas que permiten el crecimiento vital de nuestros alumnos, la expansión de sus sueños y el desafío de un mundo mejor, tales como grupos flexibles, proyectos de aprendizaje y servicio, de emprendimiento, iniciativas educativas como “Diseñar el cambio”, proyectos de mediación, aprendizaje cooperativo…

Porque las palabras no bastan. Porque las buenas intenciones trazan caminos a veces baldíos. Porque el “sí, quiero” al compromiso es una prioridad individual y social. Porque somos lo que hacemos. Porque estamos juntos en esto. Porque la educación “en acción” es responsable: escuelas abiertas y comprometidas.

Yo, sí quiero.

Loli García
@loligarciaXXI

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