Una mano de encuentro

manoDemasiadas veces vemos reducida nuestra comunicación a una imagen, acudiendo al típico tópico de que “una imagen vale más que mil palabras”… y al final parece que las palabras puedan llegar a estorbar. Quizá parte de la confusión que existe hoy en los mensajes es que hay que reducirlo todo tanto (140 caracteres para un tuit…) que es normal que se generen confusiones, olvidos, malas interpretaciones…

Este icono de la mano da mucho juego… ¡como las propias manos! Pongámonos manos a la obra para intentar dotar de sentido y palabras a esta imagen que el XIII Congreso nos regala.

Históricamente las manos han sido símbolos de identificación política: puños cerrados, manos abiertas… pero no avancemos por donde podemos quizá encontrar división y confrontación. Sin duda alguna son parte de una historia que todos debiéramos dar por superada y rebasada. Quien no lo viva así, querrá una mano en tensión y violencia, pero no es la intención de la mano de nuestro congreso.

Quien mire la imagen puede pensar que es una mano en señal de “levantar la mano”, ofrecerse… sin duda nos podemos acercar mucho más confiados a esta orilla. Nuestras escuelas levantan la mano para decir “aquí” ante las preguntas que muchas familias y jóvenes se hacen frente a los retos de la educación: ¿quién nos puede ayudar a educar? ¿quién sabe hacerlo con garantía y experiencia? ¿quién siente pasión por esta dura tarea? ¿quién quiere dar lo mejor que tiene para bien de mis hijos? ¿quién…?  Sin duda, las entidades titulares de Escuelas Católicas, dentro de sus diferentes y dilatadas trayectorias, pueden levantar alegres y firmes esa mano para ofrecerse.

Nuestras manos son, salvando las diferencias normales, todas iguales. ¿Entonces qué nos diferencia? La voluntad de qué hacer con ellas. El sentido último que demos a todo aquello que tocamos. Ahora que está tan de moda la cocina… ¿por qué con los mismos ingredientes y medios algunos hacen maravillas y otros mejor no describir? Se dice en cocina “tiene una mano para…”, que es como decir “tiene un don”, “le da un toque”… Cada escuela católica es un centro de “alta cocina” porque cada una de ellas, en su identidad y proyecto, busca dar su toque, su aporte, su pasión específica, su máxima capacidad.

Pero las manos también sirven para cuidar, sanar, dar ternura, acercar. No olvidemos que en nuestras manos está ser las manos visibles de un Dios cercano y entrañable. ¿Cómo negar la mano a los que quieren saltar a nuestra orilla? ¿Cómo no ayudar a saltar a quien huye del horror? ¿Cómo no dar de comer a quien muere de hambre? En nuestras manos está.

Y el tiempo irá dejando sin duda en nosotros los rastros del esfuerzo y el trabajo. Como las manos del campesino que a fuerza de trabajo muestran la rudeza en su piel, en sus arrugas, en sus heridas. Manos entregadas y comprometidas no serán manos cosméticas de esteticista. Ojalá al caer de la tarde, cuando el buen Jesús nos quiera preguntar… pueda encontrar la respuesta rápida mirando nuestras manos. De corazón.

Javier Poveda González

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